Campaña marítima (Mayo a Octubre 1879)

Entre ambos bandos, existía un relativo equilibrio en su poderío naval. Bolivia carecía de Armada. Pero, Perú y Chile habían adquirido en esta década, como parte del fuerte proceso armamentista que involucro a todos los países americanos, cuatro modernas naves de guerra. Los peruanos contaban con el acorazado Huáscar y la Independencia. Y los chilenos, por su parte, disponían del Blanco Encalada y el Cochrane.

 

Los aliados tenían una ligera ventaja en cuanto a los armamentos. Sus naves de guerra superaban en capacidad a las chilenas. Pero esa ventaja era sobradamente contrapesada por el mayor grado de profesionalismo de los marinos nacionales. No hay que olvidar que una parte significativa de la tripulación de los barcos de guerra peruanos se había compuesto tradicionalmente de marinos chilenos. Al vislumbrarse la posibilidad de la guerra, el Gobierno peruano había decidido expulsar de ese país a los marinos chilenos, mermando seriamente su poderío naval.

El dominio de los mares se resolvió, finalmente, en dos encuentros, que tuvieron lugar en mayo y octubre de 1879.

El desenlace del primer enfrentamiento a gran escala fue curioso: el almirante, Juan Williams Rebolledo, había decidido resolver, de una sola vez, la disputa por los mares, dando un golpe directo, vigoroso, a la armada peruana, que él suponía en las inmediaciones del puerto de Callao, frente a la cuidad capital de Lima. Envío al grueso de la

Escuadra nacional con destino al Callao, dejando a dos naves menores y a bastante maltraer –la Esmerada y Covadonga-, a cargo del bloqueo del principal puerto del enemigo en la provincia de Tarapacá : Iquique. Pero, su apreciación demostró ser profundamente errada, pues la Armada peruana se encontraba bastante mas al sur de lo que el suponía. El 21 de mayo de 1879, los dos principales barcos de guerra peruanos, dirigidos por el mas talentoso marino de ese país, Miguel

Grau, ingresaron a la rada de Iquique. Allí se toparon con las dos frágiles

pocas horas a la Esmeralda (850 t), que, por su lentitud, no logro escapar. La independencia (2000 t), por su parte, inicio la persecución de la pequeña corbeta Covadonga (412 t), que logro huir hacia el sur. Carlos Condell sabia que un enfrentamiento directo equivalía al suicidio; condujo su nave pegada a la costa, con el propósito de hacer encallar a su rival. Al llegar a la altura de Punta Gruesa, algunos kilómetros al sur

de Iquique, la nave peruana se acerco mas de los conveniente a la costa y varó. En completa indefensión, pudo ser cañoneada por la Covadonga hasta quedar totalmente inutilizada.

El balance para los chilenos fue muy positivo. Habían ganado su primer héroe, Arturo Prat, cuestión muy relevante desde un punto de vista anímico en una guerra. Pero, por sobre todo, habían destruido el 50 por ciento del poderío naval de su enemigo, a cambio de una nave bastante antigua.

Desde ese momento, el lance ya estaba resuelto. Sólo restaba dar alcance al Huáscar para terminar por completo con la presencia peruana en los mares.

No resulto fácil, pues el hábil almirante Grau eludió la persecución durante varios meses. El Huáscar, en forma heroica y casi suicida, se interno en territorio dominado por chilenos, ataco puertos y nave, hasta que el 8 de octubre de 1879, en Punta Angamos, a la altura de Mejillones, fue sorprendido por los blindados Blanco Encalada y Cochrane, que dieron cuenta de él. La captura del Huáscar significo la destrucción total del poder naval peruano.

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