Combate Naval de Iquique y Combate de Punta gruesa

Combate Naval de Iquique

A las 4 de la mañana del 21 de mayo de 1879, zarpó con el Montor Huáscar e Independencia en demanda de Iquique, distante 40 millas, avistando las naves chilenas en el alba de aquel histórico día. Grau reunió a los oficiales y tripulantes de la nave insignia y los arengó con vehemencia.

La cañonera Covadonga, que hacía guardia en el norte de la bahía, avistó a las 6.30 de la mañana los humos de dos naves que se acercaban al puerto, información que inmediatamente transmitió al capitán Prat, quien zarpó con la Esmeralda hacia la Covadonga; reconociendo en su avance al Huáscar e Independencia. En este movimiento Prat apreció el plan para defender sus unidades y por sobre todo el mantener la honra de la patria.

Ordenó a la Covadonga seguir sus aguas y tomó rumbo al puerto.

Cuando la cañonera estaba cerca, a viva voz dijo a Condell que se mantuviera en bajos fondos, y reforzara las cargas. También le preguntó si había almorzado la gente. El sereno capitán contestó:

-All right.

Cuando la Esmeralda navegaba al puerto con sus oficiales y tripulación en sus puestos de zafarrancho de combate, el capitán Prat pronunció su inmortal arenga:

«Muchachos -dijo, y agregó:- La contienda es desigual, nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo y espero que no sea esta la ocasión de hacerlo.

Mientras yo viva, esa bandera flameará en su lugar, y si muero mis oficiales sabrán cumplir con su deber».

Un sonoro «¡Viva Chile!» fue la contestación de los tripulantes a las serenas palabras de su jefe.

Poco después, a las 8:30 una granada de grueso calibre del monitor caía entre los barcos chilenos, iniciándose el combate que se divide en dos partes: el Huáscar contra la Esmeralda y la Independencia contra la Covadonga. La corbeta, tratando de evitar los disparos del monitor, se coloca entre éste y la población, recibiendo un nutrido fuego de la artillería terrestre apostada cerca de la plaza; enseguida toma rumbo hacia el interior Este de la bahía, continuando el combate por cerca de tres horas. Grau finalmente se dispuso a terminar con su adversario tenaz y tomó rumbo a la Esmeralda, atacándola con el espolón de su monitor por la aleta de babor, próximo a la toldilla, donde se encontraba el digno capitán Prat, que en heroica determinación, dio la orden de «¡Abordaje!», que apagada por el ruido de los cañones, fue oída por el leal sargento de la guarnición Juan de Dios Aldea. Prat antes de que se retirara el Huáscar había saltado a su cubierta seguido del valiente sargento, encontrando la muerte y quedando herido Aldea.

A la muerte del comandante de la corbeta, tomó el mando el segundo teniente 1.º Luis Uribe, que continuó dirigiendo el combate. En estas circunstancias, el Huáscar vuelva a embestir a la Esmeralda, esta vez por la amura de estribor, abandonando el monitor en valerosa acción el teniente Ignacio Serrano con 12 marineros determinados a amarrar la corbeta al Huáscar, lo que fue imposible obtener por la ligereza en retirarse la nave enemiga.

La vieja nave había quedado con una enorme brecha que apenas podía flotar. En estas condiciones Grau volvió sobre la Esmeralda asestándole el último espolonazo por el centro de estribor, que la hizo inclinarse de proa para desaparecer de la superficie llevando su bandera flameando al tope, ante la ansiedad de los espectadores. Antes de irse a pique la gloriosa nave, el valiente guardiamarina Ernesto Riquelme, que mandaba los cañones de la aleta es estribor, disparó el último cañonazo. Eran las 12:10 p. m. Mientras se desarrollaba el ataque a la Esmeralda, la Covadonga notablemente manejada por el capitán Condell, orilló la isla que cierra la bahía pasando muy cerca de ella y buscando bajos fondos, siguió al sur soportando un nutrido fuego de artillería. Tres veces trató de espolonearla la Independencia, hasta que en su último intento quedó varada en los bajos de Punta Gruesa.

Condell viró entonces su buque disparando sobre la fragata hasta conseguir que arriara el pabellón y levantara la bandera de parlamento. Como el hábil capitán observara que le sería imposible mantenerse cerca de la Independencia porque el Huáscar venía acercándose, tomó rumbo al sur al máximo de velocidad. Condell con su pericia, había conseguido la pérdida de la fragata peruana, que fue fatal para la estrategia y planes del Perú, entre ellos capturar un convoy con tropas que iba a Antofagasta. Chile obtuvo una gran victoria en Punta Gruesa de trascendencia para la prosecución de la guerra, ya que el poder naval del adversario quedaba reducido a un buque blindado, el monitor Huáscar.

Con el heroísmo del capitán Prat y sus subordinados, la nación ganaba una gloria que, conocida en todos los ámbitos del país fortaleció el patriotismo y vigorizó la unidad nacional.

Fuente: Juan Agustin Rodriguez. “Patricio Lynch, Vicealmirante y general en Jefe”

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