Conflictos Limítrofes de Chile con Bolivia y Perú

Desde que Chile se constituye en  República independiente, alegó títulos sobre la zona del despoblado de Atacama, que corresponde hoy en día a la región de Antofagasta. Señal de ello es que, desde 1822, los textos constitucionales señalaban, como límite septentrional del país, el desierto de Atacama, incluyéndolo.

Sin embargo, Chile no manifestó interés verdadero por estas tierras, debido a que las consideraba de escaso valor y a que su predilección territorial inicial estaba en la zona agrícola del centro del país. La falta de una voluntad real de ejercer dominio sobre el desierto explica que, cuando el Presidente boliviano, Andrés de Santa

Cruz, decidió, unilateralmente, fundar el puerto de Cobija (1829) dentro del territorio que reclamaba Chile, el Gobierno chileno no elevara protesta alguna ante la Cancillería boliviana.

Los conflictos limítrofes entre ambos países comenzaron sólo cuando se descubrió el valor económico del desierto.  Afines de la década de 1839, se encontraron importantes yacimientos de guano, un rico fertilizante muy demandado por los países del norte, en la costa del norte grande.  El Gobierno del Presidente Bulnes decidió enviar una Comisión exploradora a reconocer las potencialidades de los depósitos de la zona. Una ley, de 1842, declaró propiedad nacional las guaneras al sur de la bahía de Mejillones (23”, de latitud sur), lo que importaba fijar en esa línea la frontera norte del país. El Gobierno, asimismo, comenzó a otorgar permisos a empresarios particulares para cargar guano en las proximidades de Mejillones.  En 1847, las autoridades bolivianas resolvieron interrumpir tales faenas y expulsaron a empresarios y obreros chilenos de esa zona. El Gobierno respondió enviando tropas a ocupar Mejillones.

Pero, estas medidas de fuerza no lograron detener un proceso ya en marcha.

Cateadores chilenos, que después eran seguidos por empresarios y trabajadores de la misma nacionalidad, fueron incrementando su presencia en toda la zona, durante el período del Presidente Montt, lo que motivó reiterados reclamos diplomáticos por parte de Bolivia, que aducía que el límite entre ambos países se hallaba en el paralela 25” y no en el 23”, como pretendía Chile.  A comienzos de la década de 1860, ambos países endurecieron sus posturas. El Parlamento boliviano autorizó al Ejecutivo para que declarara la guerra a su vecino del sur si éste no se avenía a restituir las tierras supuestamente usurpadas.

Pero, cuando ya se estaba en situación de quiebre inminente, una circunstancia fortuita vino a alterar el curso de los hechos: la ocupación, por parte de la Armada española, de las islas Chinchas, del Perú. Y el clima general de solidaridad americana que generó esta acción, llevaron a Chile y Bolivia a acercar sus posiciones, surgiendo una intención clara de lograr acuerdos mediante transacciones mutuamente favorables.

En 1866, los Gobiernos de Pérez, de Chile, y Melgarejo, de Bolivia, suscriben un Tratado de Límites, en el que se acoge una fórmula transaccional: se fijaba como frontera entre ambos países, el paralelo 24” (no el 23”, que quería Chile, ni el 25”, que postulaba Bolivia). Además, se establecía la creación de una zona económica compartida, entre los paralelos 23” y 25”. Los impuestos provenientes de la explotación del guano y minerales, se repartirían por partes iguales entre ambos países. Esta disposición importaba un reconocimiento al hecho de que casi todas las empresas que operaban en la zona pertenecían a chilenos.

Pero, el mismo año en que se firmó el Tratado, nuevas circunstancias alteraron el escenario. los mineros chilenos, José Santos Ossa y Francisco Puelma, obtuvieron una concesión del Gobierno boliviano para dar inicio a la explotación del salitre en el Salar del Carmen (1866). Formaron, para esos efectos, la Sociedad Explotadora del Desierto de Atacama, antecesora directa de la famosa Cía. de Salitres y Ferrocarriles, de Antofagasta. Algunos años después (1870) se descubre plata en Caracoles, también en las cercanías de Antofagasta.

Estos dos nuevos factores de riqueza -salitre y plata-dieron impulso a un segundo proceso masivo de establecimiento de empresas chilenas, constituidas sobre la base de capitales de Valparaíso, fundamentalmente, en un territorio que, según lo dispuesto en el Tratado suscrito en 1866, pertenecía a Bolivia. El desierto comenzó a ser totalmente “chilenizado”, planteando una encrucijada diplomática difícil de zanjar.

El recelo boliviano fue potenciado por el peruano.  Los empresarios mineros chilenos no limitaron su acción a la zona de Atacama. Un numeroso contingente de empresarios y obreros se estableció en Tarapacá. En 1876, la población de esa provincia se componía, en un 44 por ciento, de peruanos, y, en un 56 por ciento, de individuos de otras nacionalidades, de los cuales cerca de la mitad eran chilenos.

A comienzos de la década de 1870, el expansionismo de la gran potencia del sur parecía incontenible.

Las naciones andinas, al igual que Argentina, comenzaron a estudiar la posibilidad de’aunar sus esfuerzos contra Chile. Bolivia y Perú concretaron una alianza secreta el 6 de febrero de 1873. Argentina, que participó en las negociaciones iniciales para concertar esa alianza contra Chile, finalmente se desistió de participar en ella, por juzgar más favorable a sus intereses mantenerse en una actitud expectante. Este año, 1873, comenzó a desarrollarse en el desierto una suerte de campaña de recuperación, iniciada por los peruanos, que luego querrían continuar los bolivianos.

A comienzos de 1873, el Presidente Pardo, del Perú, decretó el Estanco del Salitre, en Tarapacá. Complementó esa medida, con un decreto en el que ordenaba la expropiación de las salitreras, muchas de las cuales eran de propiedad de capitalistas chilenos.

En 1874, Chile y Bolivia firman un nuevo Tratado de Límites, en el que Chile hace una cesión importante:

se mantuvo el límite en el paralelo 24”; Pero, Chile renunció a sus derechos a las tierras localizadas al norte de este límite. Se estableció, como condición complementaria, el compromiso del Gobierno boliviano de mantener los impuestos cobrados a las empresas chilenas, por concepto de exportación de salitre y otros ítemes, en el nivel que habían tenido hasta entonces, por un lapso de 25 años, en la zona comprendida entre los paralelos 23” y 24”.

Pero, en 1878, la reacción antichilena prosiguió.  El Gobierno del Presidente Hilarión Daza acordó, vulnerando lo dispuesto en el Tratado, establecer un nuevo impuesto a la exportación de salitre. Alentado por Perú, Daza había decidido apoderarse de las salitreras chilenas, aplicando en la provincia de Antofagasta la misma receta seguida por Pardo en Tarapacá.

El nivel de confrontación llegó a ser tan alto en el segundo lustro de la década de 1870, que la guerra se veía como algo inevitable. Esto explica que Chile intentara lograr un avenimiento con Argentina, a costa de importantes cesiones territoriales. Argentina entendió que Chile estaba pagando ese precio por su neutralidad, y aceptó gustosa.

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