En camino hacia la paz

Volviendo a la situación interna del Perú, y como hemos escrito, el ex-presidente García Calderón se encontraba relegado en Chile y por consiguiente no representaba la opinión pública de su país. Sus partidarios lo habían reemplazado por el contraalmirante Lizardo Montero, que mandaba la fuerza de Cajamarca, sucediéndole allí el general Miguel Iglesias; tomando Montero la jefatura militar de Arequipa, que tenía una apreciable guarnición (julio de 1882).

Iglesias con mando político y militar en Cajamarca tomó la resolución de abrir el camino de la paz con Chile, proclamando que debía terminarse con las intrigas de la guerra, que valía más para el Perú su libertad, que los territorios que ya estaban perdidos. Esta declaración se llamó «el grito de Montán», del 31 de agosto de 1882.

En parte Iglesias decía:

«Se habla de una especie de honor que impide los arreglos pacíficos cediendo un pedazo de terreno, y por no ceder ese pedazo de terreno que representa un puñado de oro frente a nuestra sagrada corrupción, permitimos que el pabellón enemigo se levante sobre nuestras más altas torres desde Tumbes al Loa».

La posición de Iglesias fue apoyada por los jerarcas de las Logias Masónicas del Perú y de Chile que reunidos en Lima, activaron el entendimiento hacia la paz.

El ministro Novoa informó de la posición y de la política de Iglesias al Presidente de la República don Domingo Santa María, quien contestó lo siguiente:

 

«Febrero 3 de 1883.

Creo que estamos en la misma cuerda y por ahora no veo a qué otra parte pudiéramos llevar nuestros esfuerzos.

No queda más que Iglesias, digan lo que quieran contra él los de aquí y los de allá. Es el único hombre que tiene coraje para decir lo que siente y que lo tendrá para hacer lo que crea conveniente. Nosotros debemos fortificarlo y ver modo que su poder sea absoluto y verdadero en todo el norte.

Si logramos darle cuerpo, debemos apresurarnos a tratar con él, que si mañana cae porque sus mismos paisanos lo tumban, no por eso dejará de ser cierto, verdadero y eficaz el tratado que habríamos firmado con él».

Días después, el 9, el Presidente Santa María escribió al almirante Lynch manifestándole su resolución en apoyo a Iglesias.

 

La importante carta dice lo siguiente:

«Febrero 9 de 1883.

Persuadido como estoy de que no habrá paz ni con Piérola ni con Calderón, ni con ninguno de estos hombres que no tienen valor para afrontar una situación y dominarla, te debes empeñar en reforzar a Iglesias, único hombre honrado que aparece, a fin de ponernos en condiciones de ajustar con él la paz. Todos nuestros esfuerzos deben en estos momentos dirigirse en ese sentido».

Fijada la política por el Presidente Santa María, Novoa y Lynch la llevaron adelante, aunque el ambiente de la mayor parte de los chilenos no era favorable a Iglesias.

Novoa continuó observando con optimismo la gestión de Iglesias, y el apoyo que recibía de los ciudadanos en Cajamarca. Con los antecedentes favorables perseveró el ministro de Chile en su proyecto de discutir privadamente las bases para un Tratado de Paz. De la posición de Novoa, salieron las bases para las Conferencias de Paz, que se inician en Chorrillos el 27 de marzo de 1883.

Representa a Chile el Ministro Plenipotenciario don Jovino Novoa, y al Perú don José Antonio Lavalle y don Mariano Castro Zaldívar. En la primera conferencia del 27 de marzo, Tarapacá quedó descartado de las conversaciones. Respecto a Tacna y Arica, Lavalle propuso un plebiscito a los 10 años de ocupación, no aceptando la idea chilena de la anexión. Respecto a la deuda del Perú, Lavalle pidió eliminar a su país como deudor.

La segunda conferencia tuvo lugar el 9 de abril. En ella Novoa acepta el plebiscito para Tacna y Arica. Respecto a los acreedores, Lavalle propone pagar con el 50% del producto del guano. Además, el delegado propone que Chile pague al Perú 10 millones de pesos después del plebiscito, que se reconozca a Iglesias y se desocupe Lima y Callao y que Novoa suscribiría las bases del Tratado con los representantes o con el mismo Iglesias.

La tercera conferencia se realiza el 22 de abril. Se acepta el pago de 10 millones después del plebiscito, pero con reciprocidad. Respecto a la deuda, el gobierno seguirá pagando el 50% líquido del guano.

En la cuarta conferencia se redacta el Protocolo, que fue enviado a Cajamarca para la firma del general Iglesias, y que reproducimos por su importancia :

«Protocolo Preliminar (mayo 1883).-

 

Yo me comprometo formal y solemnemente a celebrar con la República de Chile un Tratado de Paz, tan pronto como el Ministro Plenipotenciario de ese país me reconozca a nombre de su Gobierno como Presidente del Perú bajo las condiciones siguientes:

1.º: Cesión en favor de Chile, perpetua e incondicional, del departamento de Tarapacá, esto es, por el norte hasta la quebrada de Camarones, pasando ese territorio. En consecuencia, bajo la soberanía absoluta de Chile.

2.º: Los territorios de Tacna y Arica, en posesión de Chile, serán sometidos a la legislación y autoridades de Chile, durante diez años, a partir del día que se verifique el Tratado de Paz. Expirado este plazo, se convocará un plebiscito que decidirá a voto popular si esos

territorios permanecerán bajo la soberanía de Chile o si volverán a la del Perú. Aquel de los dos países a favor del cual quedarán anexados definitivamente, pagará al otro diez millones de pesos moneda chilena de plata o soles peruanos de la ley igual a aquéllos.

Un Protocolo especial establecerá la forma bajo la cual deberá tener lugar el plebiscito y la época en que deberán pagarse los diez millones por el país que permanecerá dueño de Tacna y Arica.

3.º: El gobierno de Chile se obliga a cumplir lealmente el contrato celebrado sobre el guano y los decretos sobre el guano del 9 de febrero de 1882 y sobre los salitres del 20 de marzo del mismo año, haciendo las siguientes declaraciones: el citado decreto del 9 de febrero de

1882, ordena la venta de un millón de toneladas de guano y el Artículo 13 establece que el precio neto del guano, deducidos los gastos de estación, ensayos, pesada, carguío, sueldo de empleados que deben vigilar las diversas operaciones y todos los gastos ocasionados hasta que la materia esté ensacada y puesta a bordo del buque cargador, se distribuirá por iguales partes entre el Gobierno de Chile y los acreedores del Gobierno del Perú; dichos títulos quedan garantizados por esta substancia.

El gobierno de Chile declara, además, que terminada la venta del millón de toneladas, entregará a los acreedores del Perú, el 50% de su producto neto, según lo establece el artículo 13, hasta que la deuda quede extinguida o que se agoten los yacimientos de guano.

Es entendido que sólo se trata de los yacimientos que actualmente están en explotación, pues aquéllos que pudieran descubrirse o explotarse más tarde en los territorios anexados, pertenecerán exclusivamente a Chile, conservando éste para sí todos los productos y disponiendo de ellos como le convenga.

Es igualmente entendido que los acreedores del Perú a quienes se le concede el beneficio se someterán a las reglas fijadas en el decreto de 9 de febrero. Fuera de las declaraciones consignadas en este artículo, Chile no reconoce ni por motivo de guerra, ni por algún otro motivo, ninguna deuda del Perú, cualquiera que sea su naturaleza.

4.º: Las islas de Lobos del Norte, continuarán siendo administradas por Chile, hasta la conclusión del contrato de venta de un millón de toneladas de guano, cuando serán restituidas al Perú.

Chile, a quien corresponde el 50% del producto neto del guano de las islas Lobos, en conformidad con el decreto de 9 de febrero, ya citado, lo cede al Perú y comenzará a satisfacerlo a éste desde el momento en que sea ratificado el presente Tratado.

5.º: La cuestión referente a las nuevas relaciones comerciales y las indemnizaciones debidas a los chilenos, serán discutidas y resueltas posteriormente.- Miguel Iglesias».

Los delegados del Perú enviaron copia del Protocolo al representante chileno señor Novoa, pidiéndole contestase sobre si estaba conforme con el documento.

El Ministro Plenipotenciario contestó:

«El resultado de nuestras amigables conferencias, ha sido la aceptación, de que hablan Uds. en su carta.

Si el señor general Iglesias constituye un Gobierno que sea reconocido por Chile y acepta las condiciones mencionadas en el presente documento, comprometiéndose a concluir el tratado bajo esas bases, yo no tendré dificultad alguna como Ministro de Chile y a nombre de mi gobierno, para firmar el tratado que contenga esas condiciones».

Hasta aquí lo efectuado en la prosecución del Tratado de Paz.

Fuente: Juan Agustin Rodriguez. “Patricio Lynch, Vicealmirante y general en Jefe”

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